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martes, 16 de diciembre de 2014

¡ES NAVIDAD!



¡Estudiantes! ¡Profesores! ¡Gentes todas del Doctor Sancho de Matienzo! Se acercan las Navidades y, en consecuencia, al fin, las vacaciones. Quien desde aquí os escribe supone que tendréis ya un montón de planes para las próximas dos semanas y unos cuantos propósitos preparados para el inminente 2015: ¿aprender inglés?, ¿apuntaros al gimnasio?, ¿estudiar más? -ejem, ejem- Una servidora intentará visitar más a menudo esta esquina, un tanto polvorienta últimamente y del todo abandonada excepto por el bueno de Jorge E., quien promete ya reseña de La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata).
Mientras esperamos y para entrener esos momentos de pausa que, antes o después, nos darán el turrón, los polvorones, las comidas familiares, las compras y -sí, lo sabemos- los deberes navideños, aquí os dejo una lista de sugerencias en negro sobre blanco:

1. Los doce terrores de la Navidad, John Updike-Edward Gorey
Para cínicos y descreídos, herederos del espíritu del Scrooge del Cuento de Navidad de Charles Dickens, se lee en menos de lo que tarda en cantarse “Campana sobre campana”. Cuestiona las motivaciones de Papá Noel, alerta del peligro que suponen sus duendes, sugiere que el árbol de Navidad contagiará de carcoma nuestros muebles y lamenta la locura de los grandes almacenes. Los divertidísimos textos de Updike vienen acompañados de las geniales y macabras ilustraciones de Gorey. Solo le echamos en cara dos cosas: su precio y que se atreva a meterse con el bueno de Charlie Brown.


 2. El guardián entre el centeno, J. D. Salinger
El gran clásico de la literatura estadounidense del siglo XX. Su protagonista, Holden Caulfield, es expulsado del colegio unos pocos días antes de las vacaciones de Navidad y vaga por las deslumbrantes calles de Manhattan preguntándose por la suerte de los patos del estanque de Central Park y charlando con cuantos se le ponen por delante en una especie de cruzada en busca de lo auténtico y singular.
En la audición de la Escuela de Música del viernes por la tarde podréis ver a algunos de vuestros compañeros recreándolo sobre las tablas.



3. El Hobbit, J. R. R. Tolkien
Dejaos de aburridas y estiradas adaptaciones cinematográficas y acudid a la fuente original, una entretenidísima novela de aventuras de las de antes, sobre cómo un menudo y sencillo hombre de campo recibió la llamada de la aventura y, por echarle una mano a una singular partida de enanos y a un mago de barba blanca, terminó por encontrar el anillo de poder.



4. El león, la bruja y el armario, C. S. Lewis
Seguimos con la fantasía, en esta ocasión con el título que en mis clases me sirve para reivindicar la magia y alejar a mis alumnos de la tentación de la racionalización. El peor momento de la Historia de la Humanidad. La amenaza NAZI se cierne sobre Inglaterra y el Blitz ha obligado a mandar a todos los niños a la protección del campo. Los niños Pevensie van a parar a la casa de un aburrido profesor, cuyo desván reserva la mayor de las sorpresas: un armario que da acceso a Narnia, un reino de hielo poblado por faunos, tejones tragones, malvadas brujas de hielo y un león sabio y bondadoso.



5. El Conde de Montecristo, Alejandro Dumas
Si un temporal de nieve y frío asolara el valle durante estas dos semanas y no pudierais salir de casa, muy bien podríais dedicar el tiempo a leer sobre la larguísima e increíble historia de Edmundo Dantés, que, en el siglo XIX fue injustamente encarcelado y dedicó sus largos años de cautiverio a tramar la más perfecta y trepidante de las venganzas y a adoptar como propio un lema estupendo: “confiar y esperar”. Ideal para rencorosos.





Me anuncia el señor cartero que la carta de Jorge E. con su reseña acaba de llegar al buzón, así que os dejo ya, no sin antes desearos una más que feliz Navidad y todo lo mejor para el 2015.
¡Leed, leed, mis jóvenes amigos!

sábado, 17 de diciembre de 2011

IT MUST BE CHRISTMAS TIME!


¡Compañeros y amigos! ¡Estudiantes! ¡Lectores todos del IES Doctor Sancho de Matienzo! Abrigaos, frotaos las manos y estad contentos, porque junto con el viento, la lluvia y el frío, llegan ya las vacaciones y la tan esperada Navidad. Quien desde aquí os escribe dedica estos días finales de trimestre a corregir algún que otro examen, a empezar a preparar el equipaje para la vuelta a casa y, por supuesto, a pulir los últimos detalles de la fiesta del próximo Jueves, donde  esperamos divertirnos tanto, al menos, como el año pasado. No quería, sin embargo, dejar de venir Bajo el Diente del Ahorcado a charlar un rato con vosotros, pues la Navidad, además de ser tiempo de estar con la familia y amigos, de comer cordero, langostinos y turrón, puede ser también un momento ideal para leer ¡y regalar! buenas historias. 

Traigo hoy aquí una de mis favoritas, por razones diversas. Para empezar, porque está ambientada en Navidad. Para seguir, porque hace no demasiado tiempo que “discutí” con un par de amigas sobre sus virtudes. Para terminar, porque los mayores de entre vosotros estáis en la edad ideal para leerlo y, si esperáis mucho más, puede que ya no os “llegue” como puede hacerlo. Así que… ¡ahí va! 

Se trata de El guardián entre el centeno, de JD Salinger, que se hizo famoso por desaparecer de la escena literaria poco después de escribir una novela brillante y única como es ésta, cuyo protagonista, Holden Cauldfield, se pasea por Manhattan, recién expulsado de su prestigioso colegio, en una especie de odisea en busca de lo espontáneo y auténtico. Mientras espera y esquiva el golpe que lo devolverá a la realidad, vaga por Nueva York preguntándose por la suerte de los patos del lago de Central Park, cuando éste se congela, charlando con cuantos críos le salen al paso y observando a su encantadora hermana Phoebe en un tiovivo bajo un chaparrón casi bíblico. Suena anodino, lo sé. Pero la peripecia es lo de menos en esta novela de estilo directo y sencilla sólo en apariencia. Lo de más son todos esos pequeños detalles que hacen de Holden uno de los personajes más singulares de la Historia de la Literatura, capaz de emocionarnos e inspirarnos como sólo los más grandes lo hacen. 

Así que ya sabéis, mis jóvenes amigos. Leed, leed, y, si os animáis, venid y contadnos qué otras historias podríamos o deberíamos leer en las ya inminentes fiestas. Y, por supuesto y como es de recibo, ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo para todos!