Mostrando entradas con la etiqueta varia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta varia. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de marzo de 2012

CONGRATVLATIONES PLVRIMAS, JOSEPH ALBERTE!

Llevo unas semanas quejándome de lo poco transitado que está esto últimamente y hoy me da más pena aún, si cabe, porque si hoy vengo aquí es para felicitar como se merece a José Alberto Uceta Valle, alumno brillante de 2º de Bachillerato, que, acabamos de saberlo, ha obtenido un más que meritorio 3er puesto en el Certamen Ciceronianum Arpinas (distrito de Valladolid). Para los que os preguntéis qué es eso, os diré que es un más que prestigioso concurso que premia a la mejor traducción de un pasaje seleccionado de entre la obra de Cicerón, cuya prosa, clásica entre los clásicos, es un desafío para todos los estudiantes de latín que en el mundo son. 

El bueno de José Alberto ha pasado los últimos cinco meses robándole horas al ya de por sí durísimo 2º de Bachillerato y, sobre todo, al ocio y al descanso, para -entre chocolate y chocolate, bizcochos y galletas- hacerse con los entresijos del latín de Cicerón. Su dedicación, disciplina y talento no abundan hoy en día y tampoco su valentía. Y es que una vez tras otra este chaval de apariencia tímida -sólo la apariencia-, divertido y bonachón, no deja de sorprender a su profesora de Latín y Griego, por el coraje, sangre fría y profesionalidad demostrada en las grandes ocasiones. Lo hizo el año pasado como magnífico narrador en la sombra y ha vuelto a hacerlo este año, pegándose una paliza de viaje hasta Valladolid para pasarse cuatro horas encerrado haciendo un examen ¡de latín!


El pasaje de Cicerón que le ha valido la medalla de bronce trataba sobre la amistad y, si hoy me enorgullezco de decir que soy la profesora de Latín del caballero en cuestión, aún más orgullo me produce, si cabe -y sí, sí cabe- poder contarme, creo, entre sus amigas. 

Así que hacedme un favor y mañana en cuanto lo veáis, dadle un abrazo, la mano o una palmada en la espalda -o hasta un aplauso, si estáis en grupo-, y felicitadlo sinceramente, porque -¡creedme!- se lo ha ganado a pulso.
Lo dicho, Joseph Alberte, un placer y un honor y, por supuesto...
Gratias congratulationesque plurimas tibi ago!



jueves, 7 de julio de 2011

Digamos, para empezar, que

lo creas o no, hubo un tiempo en que no todas las historias trataban de niños magos, vampiros y hombres lobo adolescentes; en que las brujas, lejos de ser niñas llamadas Kika, eran calvas, tenían los pies cuadrados y daban bastante miedo; en que los crímenes no necesariamente se producían en Suecia y eran investigados por chicas que soñaban con cerillas y bidones de gasolina, sino que tenían forma de acertijos resueltos por tipos sabiondos con pipa o mostacho, llamados Sherlock Holmes o Poirot. Sí, hubo un tiempo en que los piratas no tenían pinta de estrellas de rock, sino que eran despiadados hombres de fortuna con apodos como “el largo” o aventureros capaces de recorrer medio mundo en busca de su amor verdadero. Y hubo un tiempo, lo creas o no, en que la gente se divertía leyendo estas y otras muchas historias robándole horas al sueño a la luz de una vela o una linterna bajo el lema de “una página más, un capítulo más”. De hecho, algunos creemos válidas aún las palabras de aquel sabio llamado Plinio: nulla dies sine linea, que, para los que no estudiáis latín, significan “ningún día sin una línea”; y no, como se suele decir, porque leyendo se aprenda, que también, y mucho, sino porque, cuando se acierta con el libro, leer resulta condenadamente divertido.
Así que, por favor, decidnos, decidnos... ¿con qué libro os habéis divertido o aburrido vosotros? ¿qué historias os tuvieron en vela y leísteis bajo la manta, mientras el frío y la niebla descendían sobre vosotros desde el Pico del Fraile o Diente del Ahorcado?