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jueves, 15 de octubre de 2015

HERE WE GO AGAIN!

Here we go again!



Siempre quedan soñadores. Pocos, pero siempre quedan soñadores.
Hay, sin excepción, algún que otro individuo que es diferente. 
En este mundo todos somos especiales a nuestra manera, pero siempre podemos crear unos grupos en función de nuestros gustos, nuestras aficiones, y todo aquello que encontremos en común con los demás. 
Ese era el fin del Blog, o al menos, fue lo que me hizo ver su anterior administradora. - ¿Anterior? ¡Actual! - 

La finalidad de este rincón virtual era exponer, hablar, opinar, dar a conocer, expresar y mostrarnos los unos a los otros, qué es aquello que nos quita el sueño a la hora de dormir. Eso que, acostados en la cama y tras apagar la luz, nos sigue trayendo pensamientos fugaces admirando lo que acabamos de experimentar, el vuelco que te acaba de dar al corazón o, por qué no, lo poco que te ha gustado. 

Todos - espero -  hemos leído al menos un libro. Todos nos hemos dejado cautivar por el aroma de las páginas y la tinta avanzando a velocidad cada vez más inquieta, leyendo línea tras línea, página por página, admirando cómo, poco a poco, nos dejamos introducir en nuevos mundos e historias.

Tras observar el punto y final del libro, hay algo que nos corroe, una necesidad inhumana de gritar, de explicar todo lo que ha pasado, de decir que ha sido una experiencia increíble o lo poco que la hemos disfrutado.

Y por eso me presento hoy aquí. Para decir que no sois los únicos, que todos experimentamos cosas así, que estamos hechos de carne y hueso, y que, con una sonrisa, aceptaremos todas vuestras opiniones en este lugar. Tanto si son sobre literatura, como si hablamos de teatro, de cine, de viedojuegos de arte o de cualquier medio que nos haya causado sensación, que haya despertado nuestra sensibilidad.

Así que, gracias por todo Caecilia, aunque lleguemos un mes tarde, estamos de vuelta.
Esta vez no solo uno, sino tres somos los factotums del lugar, que intentaremos por todos los medios, que sea un lugar libre de expresión y lleno de vida



Jorge Erostarbe Ochoa (Uno de esos soñadores)

sábado, 14 de marzo de 2015

DE SAN PATRICIO Y OTRAS HOMILÍAS (VÍCTOR MANUEL LATORRE RODRÍGUEZ)



A solo tres días del Día de San Patricio, que en el Dpto. de Inglés celebrarán este año con un endemoniado Quizz -je, je, je-, os dejamos hoy aquí el magnífico artículo que ha escrito para nosotros uno de sus miembros, Víctor, profesor de Inglés y Francés, músico y filósofo -no necesariamente en este orden- acerca de algunas muestras narrativas sobre San Patricio en particular, lo céltico en general y acerca también de la banalización de la cultura. Desde aquí, por supuesto, le damos la enhorabuena por tan lúcido trabajo y las más efusivas gracias por haber pensado en nosotros. ¡Ya se oyen las gaitas!
                                                          
El Celtic Twilight ha hecho mucho daño. El día de San Patricio, además del día nacional de Irlanda, ha pasado a formar parte también de este “Renacimiento Celta”,  de ese gran pot-purrit en el que encontramos sin ningún rebozo violentas bean sídhes y Morrígans o etéreas ondinas, leprechauns y Fear Deargs con sus calderos, Fianna y meigas, triskels y triquetas varias de dudoso significado, princesas pelirrojas con merlines y arturos, ceilidhs y kilts, Stonehenges y Hallowe’ens... 
No deja de ser curioso que todos estos personajes fueran perseguidos y acorralados en oscuros sídhe por el mismo dios al que el San Patricio se ocupó de llevar a la isla esmeralda. Porque al fin y al cabo ese es el gran protagonista de las novelas que hablan (más o menos lateralmente) de Patricio: la caída del mundo pagano celta y su sustitución por el monacato y la Iglesia Cristiana Romana. La cuestión es en qué medida los argumentos son históricamente verosímiles o son víctimas del venenoso y psicodélico caldero del que más arriba hablaba. Para que veáis un ejemplo: Juilene Osborne-McKnight escribió en 2000 (Plaza y Janés) Una Leyenda Celta: Historia de San Patricio de Irlanda. Patricio, de leyenda tiene poco y de celta, nada. Pero además es histórico: Patricio, un esclavo escocés, debe su legitimidad en Irlanda a las enseñanzas, que como a la manera de un Virgilio celta, le da nada menos que Oisín. Así entroncamos a Patricio con los últimos portadores de la sangre y la sabiduría Fianna. Otro tanto hace (para los amantes de las Sagas inacabables) Stephen R. Lawhead en su pentalogía Ciclo Pendragón, sólo que ahora la “raza” celta viene de un poco más lejos puesto que Taliesin (el padre de Oisín) es nada menos que uno de los supervivientes del hundimiento de la Atlántida. Nada más y nada menos. Dado el desconocimiento generalizado que tenemos del pueblo celta, no es extraño hacer de él una reliquia de la Edad de Oro.
Una divertida fantasía en cuatro volúmenes es Las Nieblas de Avalon, de Marion Zimmer-Bradley. Es donde más dramáticamente asistimos a la disolución de las creencias celtas en favor del cristianismo, Arturo y Merlin mismo son espectadores y aún responsables. La autora en este caso, en ausencia de documentos, recrea con cierta liberalidad el sacerdocio y el ritual celta y le atribuye un elemento crucial: el matriarcado. El derrumbe del druidismo implicará también la caída del papel predominante de la mujer en la sociedad. Ya sabéis de quién es culpa. Aunque absolutamente fantasiosa en base a los documentos históricos, esta recreación está muy bien construida, opera con arquetipos muy poderosos y da una muy buena interpretación del incesto Arturo-Morgana.
Por hablar de novelas en castellano, la primera, Las Horas Oscuras publicada por Juan Francisco Ferrándiz en 2012 nos narra las vicisitudes de un grupo de monjes para levantar un antiguo monasterio en Irlanda bajo la dirección
de un misterioso monje pelirrojo. Asistimos a un extraño híbrido entre El Nombre de la Rosa, the Strain (de Guillermo del Toro) y los Chieftains. Se nota el amor por el paisaje, el autor se recrea en los acantilados costeros, nebulosos, en la sempiterna lluvia; sin embargo, la sociedad que describe, la oposición entre el aún en pie poder “tribal” celta (especial mención a una descripción algo sui generis de las leyes breitheamh) y el nuevo monacato está construida a trazos irregulares y superficiales, y se agotan como un arcabuzazo en la primera parte de la novela. En la segunda, la pólvora se nos ha mojado, es lo que tiene Irlanda. A las veces da la impresión de que ambientes y acciones discurren por lugares distintos: está ambientada en Irlanda pero podría estarlo en Montecassino o en un tablao flamenco. Además, la construcción de los personajes y las acciones a medida que se desvelan los misterios no bastan para sustentar este edificio en el que el paisaje mismo es protagonista. Tolkien lo sabía muy bien.

Es algo que no ocurre con las dos últimas novelas de Ana B. Nieto, La huella blanca 2014, Los hijos del caballo, 2015) en la que la autora ha masticado y digerido muy bien todo el mundo de la Irlanda del s. V. El protagonista, Ciaran, realiza una búsqueda casi bizantina de su amada, Olwen, en mitad de un escenario perfectamente documentado: los grandes pagos de ganado entre los reyes vasallos de Irlanda, la lucha contra un terreno ingrato (sí amigos, debajo del verde irlandés hay una tierra hostil y si no, echad un vistazo a El Hombre Tranquilo) y las luchas entre clanes enfrentados por su dominio, con cortes de cabeza y maldiciones incluidas (sí, señores, la sociedad celta es supersticiosa y cortadora de cabezas, así es la vida) e incursiones de cazadores de esclavos a Escocia. En una de ellas a TABERNIAE, el argumento se desdoblará para seguir paralela (y hábilmente) la vida de uno de estos esclavos, de repente huérfano, de repente esclavo en una tierra de bárbaros cuyo idioma y maneras le son absolutamente ajenas y despreciables. Adivinad quién es.
Quizá al protagonista se le atribuya una conciencia demasiado nuestra, “demasiado contemporánea” (nihilista en ocasiones) pero es inevitable, y también resulta evidente que la autora ha de tomar decisiones para reconstruir elementos de los que, repito, no tenemos documentación arqueológica suficiente, casi todos relacionados con el tan traído y llevado druidismo, con el panteón celta (los celtas no eran tan sistemáticos como griegos y romanos), con rituales y hechizos. Una bella costumbre en estos casos, es que la autora nos lo indica primorosamente. En relación al elemento religioso, me permito el lujo de señalar la escena onírica (o no) en la que Ciaran parece pasar al Otro Mundo y que está descrita con una prosa tan lírica que no permite distinguir cuál es la verdadera realidad, una ambigüedad muy típica de la “espiritualidad” celta y aún muy presente en Galicia (No olvidéis que la última invasión que conquista Irlanda es la de los hijos de Mil, que proceden de Galicia).
Dicho lo cual, todo es perfectamente verosímil y creíble porque está fundado sobre certidumbres. Empezaba hablando del desastre del Celtic Twilight. Una sociedad y una religión tan poco documentada como la celta está resultando pasto fácil y combustible demasiado sabroso para el misticismo de la New Age. Conviene separar el grano de la paja dentro de aquel pastiche de desdiferenciaciones que hoy día se buscan como alternativa, una alternativa light y sin substancia, sobre todo si no tenemos ese cuidado del que hablo. Justo lo que le interesa a la misma industria del “supuesto” pub celta que nos vende del mismo modo San Patricio o Halloween (muy respetable, por otro lado). Ya veis que lo light da dinero, aunque dudo mucho que este sea alimento suficiente para sacar a la Daoine Maithe del sídhe en el que los encarcelaron. Sí es motivo suficiente para que Fionn McCumhaill o Arturo despierten de su letargo, así que habrá que esperar.     

martes, 16 de diciembre de 2014

¡ES NAVIDAD!



¡Estudiantes! ¡Profesores! ¡Gentes todas del Doctor Sancho de Matienzo! Se acercan las Navidades y, en consecuencia, al fin, las vacaciones. Quien desde aquí os escribe supone que tendréis ya un montón de planes para las próximas dos semanas y unos cuantos propósitos preparados para el inminente 2015: ¿aprender inglés?, ¿apuntaros al gimnasio?, ¿estudiar más? -ejem, ejem- Una servidora intentará visitar más a menudo esta esquina, un tanto polvorienta últimamente y del todo abandonada excepto por el bueno de Jorge E., quien promete ya reseña de La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata).
Mientras esperamos y para entrener esos momentos de pausa que, antes o después, nos darán el turrón, los polvorones, las comidas familiares, las compras y -sí, lo sabemos- los deberes navideños, aquí os dejo una lista de sugerencias en negro sobre blanco:

1. Los doce terrores de la Navidad, John Updike-Edward Gorey
Para cínicos y descreídos, herederos del espíritu del Scrooge del Cuento de Navidad de Charles Dickens, se lee en menos de lo que tarda en cantarse “Campana sobre campana”. Cuestiona las motivaciones de Papá Noel, alerta del peligro que suponen sus duendes, sugiere que el árbol de Navidad contagiará de carcoma nuestros muebles y lamenta la locura de los grandes almacenes. Los divertidísimos textos de Updike vienen acompañados de las geniales y macabras ilustraciones de Gorey. Solo le echamos en cara dos cosas: su precio y que se atreva a meterse con el bueno de Charlie Brown.


 2. El guardián entre el centeno, J. D. Salinger
El gran clásico de la literatura estadounidense del siglo XX. Su protagonista, Holden Caulfield, es expulsado del colegio unos pocos días antes de las vacaciones de Navidad y vaga por las deslumbrantes calles de Manhattan preguntándose por la suerte de los patos del estanque de Central Park y charlando con cuantos se le ponen por delante en una especie de cruzada en busca de lo auténtico y singular.
En la audición de la Escuela de Música del viernes por la tarde podréis ver a algunos de vuestros compañeros recreándolo sobre las tablas.



3. El Hobbit, J. R. R. Tolkien
Dejaos de aburridas y estiradas adaptaciones cinematográficas y acudid a la fuente original, una entretenidísima novela de aventuras de las de antes, sobre cómo un menudo y sencillo hombre de campo recibió la llamada de la aventura y, por echarle una mano a una singular partida de enanos y a un mago de barba blanca, terminó por encontrar el anillo de poder.



4. El león, la bruja y el armario, C. S. Lewis
Seguimos con la fantasía, en esta ocasión con el título que en mis clases me sirve para reivindicar la magia y alejar a mis alumnos de la tentación de la racionalización. El peor momento de la Historia de la Humanidad. La amenaza NAZI se cierne sobre Inglaterra y el Blitz ha obligado a mandar a todos los niños a la protección del campo. Los niños Pevensie van a parar a la casa de un aburrido profesor, cuyo desván reserva la mayor de las sorpresas: un armario que da acceso a Narnia, un reino de hielo poblado por faunos, tejones tragones, malvadas brujas de hielo y un león sabio y bondadoso.



5. El Conde de Montecristo, Alejandro Dumas
Si un temporal de nieve y frío asolara el valle durante estas dos semanas y no pudierais salir de casa, muy bien podríais dedicar el tiempo a leer sobre la larguísima e increíble historia de Edmundo Dantés, que, en el siglo XIX fue injustamente encarcelado y dedicó sus largos años de cautiverio a tramar la más perfecta y trepidante de las venganzas y a adoptar como propio un lema estupendo: “confiar y esperar”. Ideal para rencorosos.





Me anuncia el señor cartero que la carta de Jorge E. con su reseña acaba de llegar al buzón, así que os dejo ya, no sin antes desearos una más que feliz Navidad y todo lo mejor para el 2015.
¡Leed, leed, mis jóvenes amigos!

miércoles, 28 de noviembre de 2012

THE SECRET DIARY OF ADRIAN MOLE (SUE TOWNSEND)


Bajo el impresionante chaparrón nos escribe Estíbaliz, nuestra muy anglófila Jefa de Estudios, para animarnos a leer con ella y con algunos de sus alumnos El diario secreto de Adrian Mole, de Sue Townsend, que, por lo que nos cuenta, parece un perfecto ejemplo de que, cuando las historias son buenas, nunca pasan de moda. Desde aquí, ¡cómo no!, le agradecemos su recomendación y le decimos desde ya que nos ha convencido, so... would you lend it to me, please? Thank you, Estíbaliz!
                                               
Los alumnos de 1º de Bachillerato están leyendo este trimestre la versión adaptada por Burlington Books de The Secret Diary of Adrian Mole. He de reconocer que por primera vez una alumna me ha contestado un sincero “sí” a la pregunta “do you like this book?” sin añadir ningún “pero” después.
El libro es el diario de Adrian Mole, un joven de 13 años (y tres cuartos), aficionado a la lectura y decidido a ser poeta, que nos cuenta desde su peculiar punto de vista la relación con su familia y amigos, sus preocupaciones y aspiraciones e incluso comenta algunas cuestiones de la vida de la Inglaterra de los años 80, como el sistema sanitario o la boda real de Carlos y Diana. Aunque se expresa con mucha seguridad, a menudo malinterpreta las situaciones que se dan a su alrededor y esos malentendidos nos hacen reír en cada página. El diario comienza con los buenos propósitos de Adrian para el año nuevo, entre ellos, “dejar de explotarse los granos” y nos cuenta su día a día a lo largo de 1981, cuando su madre se fuga con un amante, su padre pierde el trabajo, se enamora por primera vez y se hace amigo de un anciano de 80 años.
Os recomiendo esta novela que, treinta años después de su publicación, sigue haciendo pasar muy buenos ratos a lectores de todas las edades.
Por Estíbaliz Vizán Martín

viernes, 12 de octubre de 2012

UNA DE DIOSES Y HOMBRES: PYGMALION (GEORGE BERNARD SHAW)


Mucho antes de que Tim Burton pensara siquiera en hacer Frankenweenie, la película que hoy se estrena y que unos cuantos de vosotros, estoy segura, correréis a ver al cine; siglos antes incluso de que Mary Shelley ideara su fantástica y terrorífica Frankenstein en una noche de tormenta a orillas del lago Leman en un legendario duelo que la enfrentó al mismísimo Lord Byron, Ovidio, un poeta latino caído en desgracia del siglo I de nuestra era, contó en sus Metamorfosis, la hermosa e inquietante historia de Pigmalión, el artista chipriota que terminó enamorándose de una de sus esculturas y consiguió de Venus, diosa del Amor, que aquella cobrara vida. El experimento del Doctor Frankenstein, bien lo sabéis, terminó en desastre. El de Pigmalión, en cambio, tiene un final feliz... Quizá porque Frankenstein desafió a la Naturaleza y a los Dioses y Pigmalión, en cambio, suplicó humildemente a éstos... Quizá, tan sólo porque el Destino es caprichoso y cruel. ¿Quién sabe? Volveremos, quizá, sobre ello, en unos meses, si mis entusiastas y alegres alumnos de 4º de la ESO se prestan a los planes que llevo un tiempo maquinando para ellos, planes que incluyen luces, sombras, tablas y telones... Pero no nos precipitemos. 


Si hoy vengo por aquí es para recomendaros, por supuesto, que leáis Frankenstein de Mary Shelley y las Metamorfosis de Ovidio pero también la revisión moderna que del mito de Pigmalión hizo el grandísimo George Bernard Shaw. Se trata de una comedia satírica titulada Pigmalión en la que nuestro escultor cobra la forma de un excéntrico profesor de fonética inglesa y su escultura, la hermosa Galatea, es encarnada por una humilde y un tanto vulgar vendedora de flores a la que el profesor pretende hacer pasar en unos pocos meses y tras el conveniente entrenamiento, en una dama de la alta sociedad. Las cosas, sin embargo, no suelen salir en la vida como uno había planeado y el refranero popular, que suele mostrarse más que acertado, incluye aquello de “aunque la mona se vista de seda...” Sacad vuestras propias conclusiones o, mejor, leed Pigmalión de George Bernard Shaw.
Leed, leed y contadnos, mis jóvenes amigos...
 

jueves, 13 de septiembre de 2012

WE ARE BACK!



Señoras y señores, niñas y niños, profesores y alumnos... ¡gentes todas del Doctor Sancho de Matienzo! Alzad la cabeza, enjugad vuestras lágrimas y batid palmas con energía porque... ¡estamos de vuelta! Cierto es que andamos un tanto nostálgicos. El verano se fue tan rápido como llegó y algunos de los habituales de este pequeño rincón ya no estaban aquí para recibirnos. Amigas como Carmen, Luz y Ana y una generación de brillantes bachilleres han partido hacia nuevos horizontes. Eso sí, han prometido escribirnos y además, nuevos compañeros -nuestros y vuestros- han llegado y estamos deseando conocerlos. Por lo pronto, si hoy aparecemos de nuevo por aquí es para celebrar una ocasión especial que ya señalamos hace un año. It’s Roald Dahl’s Day today! El año pasado ya os contamos por qué el autor de Gales era y es uno de nuestros favoritos, así que hoy os dejamos su particular versión del muy popular cuento de Los tres cerditos. Por si tenéis curiosidad, viene incluída en su genial Cuentos en verso para niños perversos

El animal mejor que yo recuerdo 
es, con mucho y sin duda alguna, el cerdo.
El cerdo es bestia lista, es bestia amable,
es bestia noble, hermosa y agradable.
Mas, como en toda regla hay excepción,
también hay algún cerdo tontorrón.
Dígame usted si no: ¿qué pensaría
si, paseando por el Bosque un día,
topara con un cerdo que trabaja
haciéndose una gran casa… de paja?
El Lobo, que esto vio, pensó: “Ese idiota
debe estar fatal de la pelota…
“¡Cerdito, por favor, déjame entrar!”.
“¡Ay no, que eres el Lobo, eso ni hablar!”.
“¡Pues soplaré con más fuerza que el viento
y aplastaré tu casa en un momento!”.
Y por más que rezó la criatura
el lobo destruyó su arquitectura.


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Y ya que de cerdos va la cosa, inauguramos también nueva serie, que, con afán de precisión, podríamos titular como “Latín para cerdos”. No os perdáis las aventuras de este particular marrano que para toda ocasión tiene siempre un latinismo a mano...


 Lo dicho, mis más que jóvenes amigos... ¡estamos de vuelta!