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lunes, 19 de octubre de 2015

FANÁTICOS EN SERIE (V) "LES REVENANTS", FABRICE GOBERT (CECILIA BLANCO PASCUAL, CAECILIA)

En tiempos nostálgicos nos escribe nuestra ya conocida Caecilia, que se niega con todas sus fuerzas a despegarse del diente del ahorcado en todos sus sentidos. 
Esta vez, nos deja una reseña de Les Revenants, una obra francesa de Fabrice Gobert que no piensa usar el tópico Zombie como la gran mayoría de series y películas de hoy en día. Lejos de disparos y muertes brutales, -excepto por algún que otro asesino en serie- nos demuestra que siempre quedan ficciones televisivas al margen del resto, tan especiales como quien hoy nos escribe. Agradezco con creces, cómo no, tu dedicatoria del comienzo y, definitivamente, me has convencido a lanzarme a esta interesante serie de muertos vivientes más cruda y humana. Respecto a la dedicatoria del principio, Gratias Plurimas, el entusiasmo y la ilusión son lo último que se pierde. ¡Muchas gracias por tu reseña y colaboración, Caecilia! Nosotros, por supuesto, también nos llevamos magníficos recuerdos por tu parte. 
  
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FANÁTICOS EN SERIE: LES REVENANTS
(FABRICE GOBERT)

A Jorge E. por no dejar que decaiga el entusiasmo

Los vivos por un lado y los muertos por el otro. Bien claro lo tenían ya griegos y romanos, tal y como certifica una geografía infernal diseñada para disuadir a los aventureros de adentrarse allí donde no les corresponde: un barquero codicioso a la orilla de la laguna Estigia, unas vistas nada agradables de los tormentos que los condenados sufren a perpetuidad y el Can Cerbero como fiero guardián. Sí, las escapadas de los vivos al inframundo les fueron concedidas tan solo a héroes como Heracles, Odiseo y Eneas e, incluso en estos casos, no pasaron de meras visitas de médico. En caso contrario, uno se exponía al desastre. Y no fue más fácil el viaje en sentido inverso. Preguntadle, si no me creéis, a la Eurídice de Orfeo.
Digámoslo de nuevo: los vivos por un lado y los muertos por el otro. Sin embargo, se multiplican de un tiempo a esta parte las ficciones en las que los muertos abandonan su retiro, cualquiera que este sea, y vuelven con ojos desorbitados, andrajosos y tambaleantes a infectarnos a los vivos a base de dentelladas. Sí, los zombies están de moda, por obra y gracia de series como The Walking Dead, películas como Guerra Mundial Z o incluso peculiares adaptaciones de -oh my God!- novelas victorianas.
El punto de partida de Les revenants puede parecer inspirado por esta moda de lo zombie. En un en apariencia idílico pueblo de un valle alpino vuelven a la vida un puñado de muertos de variada edad y condición. Salen de la nada y retornan a sus casas para pasmo de sus familias, si las tienen, con el aspecto que tenían justo antes del momento fatal y sin ser conscientes de que llevan cuatro, siete, diez o treinta y cinco años muertos. Ni farfullan, ni bizquean, ni se tambalean, ni muerden. Bueno, uno de ellos, asesino en serie, sí que muerde a las incautas que han olvidado que tiempo atrás hubo un túnel que no debían atravesar, pues el peligro acechaba en forma de caminante encapuchado. Mas muerde porque lo hacía en vida.
Todos y cada uno vuelven a sus rutinas, o eso intentan: la adolescente que se precipitó con el autobús en el que viajaba, el depresivo que se suicidó el mismo día de su boda, la esposa del profesor Costa, el citado psicópata y un niño un tanto siniestro que encuentra a su particular hada madrina en Julie, una enfermera solitaria. El conflicto se plantea en lo afectivo y lo personal. Este es el primer acierto del planteamiento y se agradece en unos tiempos en que, por lo general, los guionistas se procuran la atención del espectador a base de golpes de efecto cada vez más dramáticos. El segundo no es otro que el eficaz uso del flash-back, nunca gratuito como en la cada vez más lejana Lost, sino perfectamente integrado, como en los mejores capítulos de Orange is the new black. El tercero es el ritmo pausado pero seguro, con una trama que avanza levantando más incógnitas que las que resuelve, es cierto, pero organizadas todas ellas en torno a tres ejes fundamentales: 1. la médium, Lucy; 2. el niño siniestro, Victor; 3. el agua del embalse. Todo ello viene además envuelto en una fotografía y música -a cargo del grupo escocés Mogway- tan sugerentes como misteriosas, propias de un sueño inquietante -¿una pesadilla, quizá?-. El resultado es, en fin, más que notable, pura sofisticación y elegancia y, sobra decirlo, très très français y lleva a quien firma estas líneas a preguntarse, una vez más, ¿por qué en España no se hacen ficciones así?

Así que ya sabéis, fanáticos en serie, ved, ved Les revenants. Y, por supuesto, recibid todos, un enorme abrazo de Caecilia, que se acuerda mucho y muy bien de todos vosotros.



jueves, 15 de octubre de 2015

HERE WE GO AGAIN!

Here we go again!



Siempre quedan soñadores. Pocos, pero siempre quedan soñadores.
Hay, sin excepción, algún que otro individuo que es diferente. 
En este mundo todos somos especiales a nuestra manera, pero siempre podemos crear unos grupos en función de nuestros gustos, nuestras aficiones, y todo aquello que encontremos en común con los demás. 
Ese era el fin del Blog, o al menos, fue lo que me hizo ver su anterior administradora. - ¿Anterior? ¡Actual! - 

La finalidad de este rincón virtual era exponer, hablar, opinar, dar a conocer, expresar y mostrarnos los unos a los otros, qué es aquello que nos quita el sueño a la hora de dormir. Eso que, acostados en la cama y tras apagar la luz, nos sigue trayendo pensamientos fugaces admirando lo que acabamos de experimentar, el vuelco que te acaba de dar al corazón o, por qué no, lo poco que te ha gustado. 

Todos - espero -  hemos leído al menos un libro. Todos nos hemos dejado cautivar por el aroma de las páginas y la tinta avanzando a velocidad cada vez más inquieta, leyendo línea tras línea, página por página, admirando cómo, poco a poco, nos dejamos introducir en nuevos mundos e historias.

Tras observar el punto y final del libro, hay algo que nos corroe, una necesidad inhumana de gritar, de explicar todo lo que ha pasado, de decir que ha sido una experiencia increíble o lo poco que la hemos disfrutado.

Y por eso me presento hoy aquí. Para decir que no sois los únicos, que todos experimentamos cosas así, que estamos hechos de carne y hueso, y que, con una sonrisa, aceptaremos todas vuestras opiniones en este lugar. Tanto si son sobre literatura, como si hablamos de teatro, de cine, de viedojuegos de arte o de cualquier medio que nos haya causado sensación, que haya despertado nuestra sensibilidad.

Así que, gracias por todo Caecilia, aunque lleguemos un mes tarde, estamos de vuelta.
Esta vez no solo uno, sino tres somos los factotums del lugar, que intentaremos por todos los medios, que sea un lugar libre de expresión y lleno de vida



Jorge Erostarbe Ochoa (Uno de esos soñadores)

lunes, 25 de mayo de 2015

CONTRE TOUT (VÍCTOR M. LATORRE)



Dicen por ahí que hay entre nuestros estudiantes algunos que discuten la utilidad de estudiar francés. Su más que comprensivo profesor ha decidido dejar que lo digan sin tapujos, no sabemos si en román paladino o en la lengua de Moliére. Próximamente, en cuanto tengamos la revista entre nuestras manos, saldremos de dudas. Mientras tanto, no nos resistimos a traer a nuestra polvorienta esquina lo que Víctor tiene que alegar en su bilingüe defensa. Desde aquí, por supuesto, no podemos sino felicitarlo, una vez más, por su generosidad y sentido del humor, tan cáustico como certero, y desde la trinchera vecina le gritamos Courage, mon ami!
                                                          

Hace mucho que me pregunto por la posible utilidad del francés hoy en día, más allá de que ahora mismo me dé de comer, claro está.
El francés es hablado por un pequeño reducto de galo-europeos de poco más de 274 millones de personas, lo que lo convierte sólo en el decimotercer idioma más hablado del mundo. Cierto es que es la segunda lengua en relaciones internacionales pero esto se puede atajar. Ya sólo por su reducida utilidad por numero de hablantes, la necesidad de su aprendizaje es muy dudosa. Y realmente, tampoco es un país económicamente muy boyante y está perdiendo la partida frente a enemigos “más flamantes” como el inglés, el alemán o el chino. De hecho, ahora mismo, podríamos comunicarnos en inglés en cualquier parte del globo por lo que podríamos eliminar el aprendizaje de un idioma tan oneroso, irregular y difícil de pronunciar. Puestos a ello, sería mejor aprender alemán o chino, mucho más cercanos, familiares y fáciles.
No quiero proponer con esto la eliminación del francés de los planes de estudio, por supuesto. Basta con dejarlo morir, pues al fin y al cabo, acabará sucumbiendo ante la “selección natural” del Capital como lo harán otros idiomas fósiles como el euskera, el catalán el occitano, el gaélico y otros tantos. Y realmente, si podemos comunicarnos en inglés, ¿para qué el alemán o el chino? Quizá también desaparezca su aprendizaje, según este principio de economía de los idiomas: con uno nos vale, y será el más exitoso y, sobre todo, el más sencillo. “Yo como hablo español, no me preocupé...
Es cierto que hay filósofos que afirman que conocer otros idiomas ayuda a conocer otras estructuras mentales, al Otro Cultural y por ende, a nosotros mismos. Pero no nos engañemos: este argumento está sobrevalorado y esos perroflautas tampoco nos ayudan a aprovechar mucho el tiempo en las escuelas. Y los secuaces de estos, esos que se atreven a distraer la cabeza de nuestros herederos con idiomas cuyos hablantes llevan muertos cientos de años, o peor aún, que están prácticamente en quiebra, creo que podrían ser eliminados de los planes de estudio igualmente.
Inglés y Ciencias, ahí está el futuro. ¡la última frontera! Y en la Historia tampoco veo mucho futuro que se diga. Así, ya tenemos los planes más centrados. La geología y la astronomía, al menos, pueden ayudarnos a detectar amenazas interiores y exteriores que amenacen la vida en el planeta.   Y la medicina hará que vivamos cientos de años. Con las matemáticas tampoco hace falta pasarse, últimamente los físicos y los matemáticos están llegando a sitios por los que las empresas ya no están muy dispuestas a pagar... las matemáticas son las siervas de nuestras necesidades. ¡Qué se han pensado!
Ya ven que no debemos desperdiciar ni un minuto del tiempo de formación de las futuras generaciones en ninguna de las fruslerías de las que hemos hablado. Ahora tienen verdaderas armas para tener un buen trabajo y un prometedor futuro, una vida larga, intensa y plena de sentido, llena de lecturas, de viajes a otros países, conociendo otras gentes... Claro que ahora que lo pienso, si sus idiomas eran absurdos, dudo mucho que su cultura no lo sea también. Una vida plena de sentido... ganando mucho dinero,
Y si la Tierra llega a aburrirles, no se preocupen, el avance de la ciencia no sólo nos ayudará a alargar nuestras intensas y satisfactorias vidas sino que también nos podrá ayudar a conquistar otros mundos desconocidos a los que hacer el gran regalo de esta Nuestra Gloriosa Cultura Humana. 
Víctor Manuel Latorre Rodríguez
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Longtemps je me suis demandé à propos de la possible utilité du français aujourd’hui, au delà qu’il me donne à manger, bien sûr.

Le français est parlé par un petit réduit de gallo-européens (qui résistent) d’un peu plus de 274 million de personnes, ce qui ne la convertisse qu’en la treizième langue la plus parlée du monde. Certes, aussi est-il la seconde langue dans les Relations Internationales, quelque chose qu’on peut encore arranger. Tel petit nombre de parlants fait penser sérieusement au besoin de son apprentissage puisqu’il est très douteux. Maintenant, d’ailleurs, on doit avouer que la France n’est pas économiquement un des pays les plus florissants et c’est pour cela que le français perd de plus en plus son influence par rapport à des ennemis plus éblouissants, voir l’Anglais, l’Allemand ou même le Chinois. En fait, maintenant on pourrait nous communiquer uniquement en Anglais dans quelque part du monde et par conséquent ce serait possible d’éradiquer l’apprentissage d’une langue si lourde, onéreuse, irrégulière et difficile à prononcer. Ce serait mieux d’apprendre l’allemand ou le chinois, plus proches, familiers et faciles chez nous.   

Je ne veux aucunement proposer pourtant l’élimination du français, bien sûr. Il suffit de le laisser mourir. Tout compte fait, il terminera par succomber au jeu de cette “sélection naturelle” du Capital, de même que d’autres langues fossiles, savoir est, l’Euskara, le Catalan, l’Occitan, les Gaéliques, etc. Mais, si on suit cet argument, qu’est-ce qu’il sera de l’Allemand ou du Chinois? D’après ce principe d’économie de langues, peut-être son apprentissage disparaitra-t-il de nos lycées: il en suffit avec une, et cela ne sera que celle de plus succès, la plus puissante et surtout la plus abstraite et simple. Heureusement, on parle Espagnol... ainsi que, “comme je n’était ni Allemand ni Chinois, je n’ai rien dit...”     

Effectivement, il est vrai qu’il y a des philosophes qui affirment que la connaissance de différentes langues peut aider décidément à la connaissance d’autres structures mentales ou de l’Autre (culturel) et, par conséquent, de notre propre langue et nous mêmes. Mais, soyons sincères: cet argument-ci n’est que surestimé et ces gens-là, les philosophes, n’aident pas non plus à profiter le temps aux lycées. Encore, ses acolytes, qui n’osent que distraire les têtes de nos héritiers avec des langues mortes depuis longtemps, ou pire, ruinées depuis longtemps et à jamais, subiront le même destin: la disparition.  

Anglais et Sciences, c’est là le futur! La frontière dernière! Mais je n’en vois pas trop dans l’Histoire. C’est comme cela qu’on aura des plans plus utiles... La géologie et l’astronomie, pour le moins, peuvent nous servir à nous défendre de menaces, intérieures ou extérieures. Aussi la Médecine nous fera-t-elle vivre une centaine d’années. Et à propos des Maths... il ne faudra pas se passer. Dernièrement, certains mathématiciens ou physiciens prétendent d’atteindre des lieus pour lesquels les entreprises ne son pas trop prêtes à payer. Les mathématiques doivent servir à nos besoins, qu’est-ce qu’on a pensé!   

Comme vous pouvez observer, on ne devrait pas dépenser le temps de formation des générations futures avec les niaiseries dont on a parlé ci-dessus. Ce sera comme cela qu’elles seront fournies des armes à avoir un très bon travail, un futur vraiment prometteur et une vie longue, intense et pleine de sens, pleine de lectures, de voyages pour connaître d’autres lieus, d’autres gens... Mais zut alors! Si leurs langues étaient absurdes, j’hésite que leur culture et leur pays ne le soient pas aussi... En tout cas, une vie pleine de sens... et d’argent. 

Bref, si la Terre même peut arriver à vous ennuyer, pas de souci: le progrès de la science vous aidera non seulement à prolonger vos satisfaisantes et intenses vies mais aussi pourra-t-elle nous aider à la conquête d’autres mondes inconnus où installer à nouveau Notre Glorieuse Culture Humaine.

Víctor Manuel Latorre Rodríguez

martes, 13 de enero de 2015

“WALL STREET” (JOSÉ ANTONIO LÓPEZ HIDALGO)



Novum annum et faustum omnibus! ¡Feliz Año Nuevo para todos! Quien desde aquí os habla espera que todos hayáis tenido unas fiestas más que felices y que hayáis tenido tiempo para disfrutar de la lectura. Regresamos, por supuesto, llenos de ilusión y, para demostrarlo, os traemos hoy un magnífico cuento titulado “Wall Street”, que generosamente nos ha enviado José Antonio López Hidalgo, profesor de lengua y autor de talento más que probado, avalado, por ejemplo, por el premio Juan Rulfo de novela corta del año 2006.
En este cuento de tan contemporáneo título, cuya explicación se aporta en la nota final, realiza José Antonio una deconstrucción de la leyenda de la guerra de Troya y de sus motivos, sin que pierda por ello la leyenda un ápice de universalidad. El motivo del amor, o mejor, del deseo, se sustituye por otro casi tan antiguo pero bastante más prosaico, el del dinero. Esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros. Muchas gracias, José Antonio, y, por supuesto, congratulationes plurimas!
                                              
WALL STREET
            Jose Antonio López Hidalgo
Desde la amplia terraza decorada con estatuas de leones en actitud arrogante, Palamedes oía el bullicio del gran mercado en su hora de mayor actividad. Esa era la perspectiva que más le gustaba, desde una altura en la que la gente parecía manejable, cada hombre cabría fácilmente en su mano, podría sujetarlo entre los dedos e ir moviéndolo de aquí para allá, entre los tenderetes, como conviniera al mejor orden del día, igual que haría con los muñecos de tierra cocida con los que se representaba la estrategia de una batalla inminente. Palamedes sólo aceptaba sostener la mirada próxima de uno de los suyos, los semejantes en responsabilidad y poder, y por supuesto en la capital del reino apenas había un puñado de ciudadanos selectos que accediesen a esa categoría. Desde la terraza de los leones no resultaba fácil distinguir los detalles de los negocios que establecían los mercaderes con sus clientes, pero nada había más previsible que las transacciones comerciales cuando el optimismo impregnaba la vida de quienes creían que el éxito se había convertido ya en algo cotidiano. Apoyado junto a la pata formidable de uno de los leones, Palamedes buscaba en el aire la densidad de los perfumes, del cuero repujado, de las telas con filigranas de oro, de las diademas cargadas de piedras preciosas. . . El lujo creaba su propia atmósfera, fragante y protectora. No existía otro lugar más afortunado sobre la tierra de las criaturas mortales, el centro del mundo donde todo lo que merecía la pena acababa por llegar y suceder; Palamedes se sabía impulsor de ese paraíso de elegidos, y también conocía los esfuerzos, los cálculos con que debían sustentarse los pilares de estos privilegios. Palamedes había triunfado porque había sido capaz de adelantarse a los movimientos de los rivales; nunca le habían atenazado los riesgos, consciente, mejor que nadie, de la caducidad de los logros, de que un solo error bastaría para arrojarle a la nada. Y el peligro de equivocarse y perder hacía cada momento más intenso. Ahora, de nuevo, se avecinaba la necesidad de tomar decisiones irrevocables, la sangre corría por sus venas con un empuje que no había provocado la madurez sino el juego de apostar incluso contra el destino. Era también una divisa de su virtud: si Palamedes se atreve, Esparta no se echará atrás. Mantenía esta condición con un orgullo prudente; no ignoraba que Agamenón era celoso de la fama de quienes le rodeaban: no dudaría en talar un árbol que le diese una sombra incómoda, a pesar de que con su arrebato pudiera eliminar la belleza o la salud del jardín. Palamedes advirtió enseguida el vuelo de la túnica de Méntor que se acercaba por la galería norte.
 -Te deseo un buen día, Palamedes. He recibido tu mensaje, y me pareció tan urgente, y tan poco explícito, que reconozco que me ha preocupado.
 -Sin duda, Méntor, será una preocupación rentable. Sólo podemos admitir la preocupación que nos conduzca a encontrar soluciones, suponiendo que debamos buscarlas.
  -¿Y debemos?
 -Ven hasta aquí, Méntor. Mira el mercado. Fíjate en la alegría con que unos y otros compran y venden. ¿No es una visión encantadora? Pero tal vez sean tan felices porque ninguno de ellos es consciente de las amenazas que se ciernen. Confían en que nosotros mantendremos esta comunidad libre de adversidades.
 -¿Amenazas? Ay, amigo mío, creo que vas a decirme algo que hará las noches más largas y oscuras.
 -Podría ser una tiniebla perpetua si no nos adelantamos a lo que está por venir. Tú y yo tenemos esa habilidad. Siempre hemos diseñado lo que tiene que ocurrir  para que nuestro bienestar no se rompa ante los peores augurios.
 -Déjame participar de tus informaciones, Palamedes. ¿Han hablado tus espías de algún daño que vaya a alcanzarnos?
 -Esos contactos a los que llamas espías viajan por todas las rutas conocidas, e incluso se atreven a abrir nuevas colonias en lugares de cuya seguridad no se sabe nada hasta que se prueban. Navegantes y mercaderes que son nuestros ojos allá donde puede surgir el engaño o una situación inestable. Por lo general son prudentes, pero a veces la prudencia excesiva se confunde con el miedo ante cualquier sospecha. Hay que definir bien y separar las amenazas reales de las fantasías. Porque una mala gestión de las noticias puede conducirnos al error, actuar de manera desproporcionada y crearnos enemigos que no lo eran.
 -Lo sé. Y también sé que nadie como tú para discernir entre lo valioso y la escoria. Si has creado esta alarma para que acudiese urgentemente a tu cita, debes tener pruebas que la justifiquen.
 -En efecto. Tu tiempo es importante y no me atrevería a desperdiciarlo con rumores que careciesen de fundamento.
 -Entonces no prolongues más este camino hacia la confidencia. Has ganado mi interés por completo. Estoy sobre ascuas.
 -No quiero ganarme sólo tu interés, Méntor. Necesitaré tu apoyo. Porque cualquier duda retrasaría nuestra reacción y, como te dije, nos conduciría a la tiniebla permanente.
 -Nunca he dudado de ti, Palamedes. Tampoco lo haré ahora. Estoy seguro de que tu información me convencerá. Hay quienes hablan mucho y sólo ofrecen el aire que han respirado. Pero tú siempre has obtenido nuestra confianza con hechos. No eres un charlatán, sino el fundador de los grandes logros de Esparta. Dime, Palamedes ¿de dónde procede lo que hemos de temer? Vivimos una paz muy rentable desde hace algún tiempo, pero no ignoro que la paz no dura si queremos seguir manteniéndonos a la cabeza del imperio aqueo.
 -Dices bien. En la cumbre no hay posibilidad de dormirse. Los vientos más furiosos golpean una y otra vez. En esta ocasión no los notamos porque se originan detrás de una barrera de credibilidad por nuestra parte. Pero se preparan. Contra nosotros, Méntor.
 -Revélame el nombre del enemigo y actuaré junto a ti para que se conozca la verdad. Tienes mi palabra.
 -Troya.
 -¡¿Troya?! Desde hace tiempo firmamos pactos de no agresión, no ha habido un solo incidente que muestre hostilidad. Nos respetamos, y eso nos ha hecho más fuertes.
 -O más confiados en las apariencias. Y así se construye la barrera detrás de la cual Troya conspira con sus vecinos para convertirnos en súbditos. Llevan años organizándose en la sombra. Mientras redactan documentos de amistad hacia nosotros, los aqueos, buscan en secreto los medios necesarios para destruirnos.
 -No dudo de ti, pero no sé cómo convenceremos al gobierno y a nuestros aliados. Atacar Troya sin un motivo claro, como creo que propones, nos conduciría a la desunión y probablemente al principio del fin.
 -Habrá motivo, Méntor. Ya te dije que tú y yo poseemos la virtud de adelantarnos a los acontecimientos. No atrapamos a la presa sin haber tejido antes una red en el lugar oportuno.
 -No dejas de sorprenderme. ¿Puedo saber cuál sería ese motivo?
 -Recuerda que está previsto que venga próximamente a Esparta una delegación troyana como prueba de nuestras buenas relaciones.
 -Es una visita marcada por el calendario de los pactos entre Troya y Esparta. Un asunto bastante ordinario, Palamedes.
 -Ahora puede convertirse en excepcional. Príamo nos envía como huésped a su hijo Paris, un joven arrebatado y temerario, más hecho a los placeres que a la política. Quiere dar una imagen frívola de su reino como cortina de humo. ¿Quién desconfiará de Troya si su representante oficial es un libertino al que no le preocupa nada más que las fiestas, el lujo y las mujeres?
 -Todavía no veo qué camino estás intentando abrir.
 -Nos aprovecharemos de su propia estrategia. Si Príamo hubiese enviado a Héctor, su hijo sucesor y astuto en las trazas del poder, no resultaría fácil manejarle. Pero con Paris todo será distinto.
 -¿De verdad crees que Paris va a permitir que lo manejemos?
 -No será su voluntad. Pero el deseo carnal de un hombre como él anula a menudo las indicaciones de la prudencia. Helena es el símbolo de la belleza, la mujer prohibida, y también el cebo y el error en que caerá Paris.
 -Menelao te cortará la cabeza si sospecha tus intenciones.
 -Menelao no sabrá nada hasta que suceda. No es difícil disimularle la realidad a Menelao, ya lo hemos hecho en otras ocasiones ¿no es así, Méntor? Gobierna Esparta, en efecto, pero eso no significa que conozca los recursos que Esparta necesita para existir.
 -¿Y Helena?
 -Es una mujer ambiciosa. Su leyenda como reina de Esparta se empieza a estancar en la rutina. Necesita señales de gloria. No tendrá nada que perder y, en cambio, puede conseguir que su nombre no se olvide jamás. Yo me encargaré de convencerla.
 -Dime cómo lo harás.
 -La tentación será irresistible para ella, igual que ella ha de convertirse en una tentación irresistible para Paris, que tendrá que raptarla y llevársela a Troya, con su consentimiento. Así<se provocará le guerra, porque Menelao no admitirá la deshonra, y los demás reyes aqueos están comprometidos a prestar su ayuda por las alianzas. Si Troya ganara la guerra, algo que no podemos concebir, Helena sería el motivo y todos los troyanos la encumbrarían hasta lo más alto. Y si nosotros ganamos la guerra, como ha de ser, hablaremos a Menelao del sacrificio de Helena, de su entrega para provocar que los aqueos tomaran las armas y se adelantaran con ventaja a la traición de Troya.
 -Planteas una jugada difícil. La cólera de Menelao siempre ha nublado su inteligencia y, aunque luego pueda arrepentirse, sus primeros actos de furia, sus arrebatos, suelen ser terribles. Temo que nos degüelle a todos, Helena incluida, en cuanto se entere de que le hemos engañado. Ni siquiera el orgullo de una victoria bastaría para calmar su ánimo.
 -La guerra será larga, Méntor, muy larga. Más que aquellas de las que oímos contar en el pasado y dejaron huella. Troya opondrá una enorme resistencia. Y el desgaste de batallas continuas, lejos de casa, cambia a los hombres, especialmente a los guerreros. Menelao querrá restaurar lo que hoy está viviendo, su felicidad particular, y accederá a lo que sea con tal de lograrlo. Pero entonces tampoco su poder resultará tan amenazador.
 -¿Haces predicciones o lo tienes todo tan bien calculado que no temes equivocarte? Los asuntos de los hombres no son un libro ya escrito que otros hombres puedan leer.
 -Nosotros buscamos que los hombres sean previsibles ¿cómo, si no, realizaríamos con éxito nuestros negocios? La fortuna consiste en tomar ventaja y conocer el camino que los hombres recorrerán. Los imprevistos no nos han colocado a ti y a mí en nuestra avanzada posición. No hay nada que aborrezca más que una sorpresa.
 -¿Y estás, por tanto, completamente seguro de que el ejército apoyará la idea de embarcarse en una guerra larga y cruenta?
 -El ejército obedecerá a sus jefes, y sus jefes tienen compromisos que cumplir, obligaciones a las que no darán la espalda porque su propia existencia depende de que en esa tela de araña no se rompa ningún hilo. Además, nos hacemos un favor a nosotros mismos. Los guerreros ociosos son un peligro. Vamos a ofrecerles un destino glorioso, un enemigo contra el que combatir y que borrará todas las dudas y las sombras. La guerra deslumbra a los héroes y los convierte en seres deslumbrantes.
 -¡Qué bien vendes tu mercancía, Palamedes! Me pregunto si alguien de la perspicacia de Ulises también participará de la claridad de tus planes.
Por primera vez en la conversación el rostro de Palamedes renunció a la sonrisa arrogante con que había apoyado sus palabras.
 -Ulises. El astuto Ulises que siempre parece ir por delante de todos los demás. ¿Cómo ocultarle nuestros auténticos propósitos? Sería una necedad que lo tuviéramos como enemigo. Pero, por suerte para nosotros, también él está obligado por sus compromisos. No querrá dejar Ítaca, hará lo posible por escabullirse de sus obligaciones en los acuerdos entre pares. Yo mismo acompañaré a Menelao hasta Ítaca, le recordaré su pacto de lealtad. No podrá eludirlo. En cuanto se encuentre lejos de su isla y respire otros aires, no querrá perderse los grandes acontecimientos que traerá esta guerra colosal. Ulises ama los desafíos, y por eso acostumbra a esconderse de ellos en su hogar. Es un hombre prudente.
 -¿Y tú? ¿No quieres tú asistir a esos grandes acontecimientos como protagonista?
 -Ah, Méntor, no es esa mi condición. Ya lo sabes. Nosotros estamos hechos para otra clase de retos. Y la guerra contra Troya nos dejará las manos libres. Unos rompen los muros y aclaran el paisaje, y otros trazamos los caminos y, por tanto, la dirección en la que debemos dirigirnos.
 -Así que lo que es bueno para Palamedes es bueno para Esparta. Veo tus negocios ensanchándose sin medida. Para un ejército como el que calculas se necesitarán naves, armas, víveres. . . Entonces serás fabulosamente rico e imprescindible. El ciudadano más poderoso de Esparta.
 -Seremos ricos e imprescindibles. Estamos juntos en esto. Acompáñame a palacio, si te parece oportuno. Tengo que concertar una entrevista privada con Helena.


Nota del autor: Desde el título, Wall Street, se intenta indicar que con los siglos, y la cantidad de Historia transcurrida, no ha cambiado la idea de que la guerra es una de las mejores maneras de hacer negocios –sobre todo para los vencedores- y que los seres humanos aceptamos ingenuamente, o con apasionada lealtad, los mitos que pretenden ensalzarlas y justificarlas, o, siendo más prosaicos, leyendas como la búsqueda de armas de destrucción masiva.